jueves, 26 de septiembre de 2013

El último campeón.


La organización de los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín trajo numerosas polémicas respecto a la decisión de elección de sede del Comité Olímpico Internacional. Incluso se pensó en realizar un boicot general o una competición paralela que quitase brillantez a la berlinesa. La reciente instauración de las Leyes de Nüremberg hacía pensar que Alemania no era justa merecedora de un evento deportivo de tal calibre que tiene en su origen la paz y la unión de los pueblos por medio del deporte.

Alemania bajó el listón de exigencias y represión hacia los judíos para la mejora de la imagen externa del país. El presidente del Comité Olimpico de los Estados Unidos, Avery Brundage, fue el primero en poner en duda la idoneidad de unos juegos en Alemania. Pero después de una visita y comprobando que los judíos no estaban siendo maltratados (!), apostó por la organización alemana de los juegos. La competencia por la organización fue frente a Barcelona que ya optaba a ser la ciudad anfitriona. Los partidiarios del boicot decidieron de organizar en la Ciudad Condal unos juegos paralelos que, a pocos días del comienzo, tuvieron que ser suspendidos por el estallido de la Guerra Civil Española.


La estrella de las infraestructuras construidas a un ritmo frenético fue el Estadio Olímpico de Berlín, que sin miramientos en el coste se erigió como el orgullo alemán de la época.

Alemania fue el país que ganó más medallas, siendo Hitler testigo de excepción ya que asistió a las pruebas casi todos los días. El atleta que tuvo más repercusión fue Jesse Owens con cuatro medallas de oro y que no fue saludado por el dictador, cuentan que a petición propia; hecho que no ha quedado muy claro, al menos para mi.


Alemania y sus jerarcas se deshicieron en beneplácitos hacia sus invitados, organizando fastuosas cenas y fuegos artificiales a los que algunos dignatarios extranjeros compararon con los fastos en tiempos de Nerón.
 La propaganda nazi llegó a unos límites insospechados siendo favorecida por los medios de comunicación que realizarón más de tres mil retrasmisiones de lo acontecido durante aquellos días.


Entre los atletas competidores estaba Alex (Sandor) Tarics, un waterpolista que acaba de cumplir el pasado 23 de setiembre 100 años y que consiguió la medalla de oro con el equipo nacional de Hungría. Sandor conoció a Jesse Owens en la villa olímpica y tras regresar a Estados Unidos donde estaba estudiando cuando los juegos terminaron, volvió  a Europa y se alistó en el ejército húngaro para luchar contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Despues, emigró definitivamente en 1948 a los Estados Unidos y fundó una empresa de ingeniería  hasta que la vendió en 1990. Hoy Sandor Tarics es recordado por los practicantes de waterpolo al ser el último campeón olímpico de 1936 que queda con vida y es considerado toda una personalidad civil en su país natal.


No me he podido resistir a insertar un vídeo con una entrevista en inglés que se le realizó hace un par de años. Creo que Sandor se lo merece.

3 comentarios:

Overlord dijo...

Por lo que yo he leído Owens recibió una carta de felicitación de Hitler (como todos los ganadores de medallas). Al volver a los EEUU los deportistas que ganaron medallas fueron invitados a la Casa Blanca excepto Owens que no fue por ser negro, todos recibieron una cata de felicitación de Rooselvet menos Owens por ser negro. Así que en este tema en concreto Hitler no era el único racista. Ser negro en EEUU en la década de los 30 y más aún dependiendo del estado en el que se viviese no sería muy diferente al trato que recibieron los judíos en Alemania antes de 1939.

Mario Tenorio dijo...

Tienes razón Overlord, pero no es cuestión de averiguar qué sociedad era más racista. lo que está claro es que la Alemania nazi era exterminadora de judíos,gitanos, homosexuales, discapacitados etc, y EEUU no. Después, pues había un estado que no consideraba igual a los negros que al resto de la población y que se permitía organizaciones como el KKK.

Respecto a Owens, he leído de todo ya no se que pensar.

Saludos desde el Sur

Nonsei dijo...

Perdón, pero si es verdad que todos los medallistas excepto Owens recibieron una carta de felicitación de Roosevelt y visitaron la Casa Blanca, no sería por ser negro. Jesse Owens no fue el único campeón olímpico negro estadounidense. Archie Williams ganó los 400 metros, John Woodruff los 800 metros y Cornelius Johnson el salto de altura. Estos fueron solo los ganadores, sin contar el resto de medallistas y las pruebas de relevos.

Por cierto, este último, Cornelius Johnson fue el que de verdad sufrió el desplante de Hitler, porque fue el único campeón de la primera jornada de los juegos que no recibió su felicitación personal. Puede que no fuese por ninguna razón extraña, simplemente porque la prueba se alargó demasiado, pero eso hizo que el Comité Olímpico Internacional recordase a Hitler el protocolo y le pidiese que dejase de felicitar a los ganadores. De ahí el tema de Owens.

Un saludo.