viernes, 15 de febrero de 2013

Salon Kitty.

Ahora que está de moda el espionaje aprovechando momentos de la vida pública o privada de políticos y otros personaje de cualquier índole, tal como es el caso del Restaurante La Camarga donde se han hecho hasta 500 informes. Me ha venido a la memoria, también lo han comentado en algún medio, el famoso  burdel berlinés de lujo de los años 30 llamado Salon Kitty.

En este lugar,  hasta 1942 se espió bajo mandato Reinhard Heydrich y dirigidas las operaciones por Walter Schellenberg. La dueña del frecuentado local fue Kitty Schmidtz que había estado enviando dinero a Inglaterra por lo que cuando decidió huir del país fue detenida por la Gestapo que le propuso ser espía a cambio de no ser encerrada en un campo de concentración.

El método ideado por Heydrich fue convertir el local en un sembrado de micrófonos con los que espiar a los personajes que visitaba el burdel. Además fue equipado con una sala donde se monitorizaba todo el entramado de dispositivos. Las prostitutas eran entrenadas y utilizadas para que sus clientes expusieran sus auténticas opiniones sobre el régimen nazi. Estas mujeres fueron seleccionadas entre todas las que la policía capturaba en Berlín y eran obligadas a colaborar con la Gestapo. No estaban informadas de la colocación de micrófonos y se les exigía un informe tras cada velada.

Schmidtz contó en 1940 que ella sólo tenía que mostrar un libro con los nombres de veinte chicas si el cliente decía  la contraseña: "Soy de Rothenburg". Seguidamente y tras la elección de una de las chicas, ésta era llamada y pasaba la noche con el cliente.

Entre los múltiples espiados se encontraban miembros perteneciente a los cuerpos diplomáticos y militares: El conde Ciano, Ministro de Asuntos Exteriores de Italia; Sepp, comandante de las SS, que solicitó la presencia de las 20 prostitutas para una orgía pero no desveló ningún secreto. Goebbels visitó el local requeriendo a lesbianas.

Un agente británico, Roger Wilson,  con bajo la identidad del secretario de prensa rumano descubríó tras numerosas visitas a la misma prostituta tres cables sospechosos y logró intervenir telefónicamente la instalación. De esa forma, el servicio de inteligencia británico escuchaba las conversaciones. más tarde fue descubierto y enviado a un campo de prisioneros de guerra.

A medida que la guerra avanzaba la clientela disminuyó y en 1942 una bomba destruyó parte del edificio siendo el burdel trasladado al sótano. Ese mismo año, Heydrich abandonó el proyecto y amenazó a Schmidtz por si hablaba sobre lo ocurrido entre las paredes del local. La dueña del negocio mantuvo el pacto hasta el término de la guerra, muriendo en 1954.

Sobre estos hechos Tinto Brass realizó en 1976 una película llamada Salon Kitty



1 comentario:

sofia martínez dijo...

¡Me gustó! Salón Kitty es una gran película con un excelente contenido, me recordó mucho a la serie O negocio, una propuesta brasileña que aborda el tema de la prostitución pero desde niveles socioeconómicos más elevados, estaría padre hacer una comparación entre ambas propuestas. Les comparto el sitio oficial de la serie http://www.hbomax.tv/o-negocio-2/, vale la pena echarle un vistazo.