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sábado, 4 de agosto de 2012

Cliodinámica y la guerra en 2020 de Peter Turchin

Me levanto esta mañana y me pongo a leer la prensa por internet. Me encuentro con una noticia: GUERRA MUNDIAL EN EL AÑO 2020.

¡Hala!, otro iluminado pronosticando los peores presagios para España y el mundo que nos rodea. Como si no tuvieramos bastante con los elementos nuevos que hemos conocido recientemente, es decir, "bono a diez años", ese familiar común denominado "Prima de Riesgo" y que sube y baja alterando el ritmo de la bolsa, el corazón de los políticos y el bolsillo de los ciudadanos. Pues no. Ahora tenemos un nuevo término que llevarnos a la boca y a la sesera: CLIODINÁMICA. ¡Toma ya!

Podía ser una nueva oportunidad para el viejo modelo de coche de marca Renault. Pero no es así, es algo mucho peor, es la relación existente entre los hechos históricos y las matemáticas. Bueno, para ser más concreto entre los hechos y el caos matemático.

En mi juventud fui un gran lector de Isaac Asimov, así que después de leer, en la misma información, un párrafo del afamado escritor, (por cierto, recomiendo su biografía, Memorias, Ediciones B, 1994.) en el que en su libro La Fundación escribía:

"Los pronósticos adecuados a menudo son imposibles debido a fenómenos como el caos matemático, la libre voluntad o las profecías del auto-engaño. Pero deberíamos ser capaces de emplear las teorías de un modo quizás más útil: calcular las consecuencias de nuestras elecciones sociales para favorecer el desarrollo de sistemas sociales en las direcciones deseadas así como evitar las consecuencias imprevistas. (...) Debemos recopilar datos cuantitativos y probarlos todos empíricamente en los mismos datos, más que en instancias cuidadosamente seleccionadas para probar nuestras narrativas favoritas. Para aprender realmente de la historia, necesitamos transformarla en una ciencia."

La última frase fue la que más me inquietó. ¿Cómo se va a transformar la historia en una ciencia?. Pues según dicen algunos científicos, mediante la Cliodinámica. Esta nueva ciencia o seudociencia choca de frente con la visión que tienen los historiadores sobre la historia. Es decir, que los hechos ocurridos son consecuencias del comportamiento social y político de las personas, sumadas a otros factores como las debilidades humanas. No hay lugar para el cálculo matemático.

Pero imaginemos que la Cliodinámica fuese cierta y que tal como se pronostica en el año 2020 hubiera una gran guerra, ¿cómo sería?, ¿cómo podriamos evitarla? . Son preguntas que me temo la ciencia no puede responder de momento.

La noticia ha sido publicada en la revista Nature, en la que el biólogo, Peter Turchin de nacionalidad estadounidense y especializado en Población Biológica y Cliodinámica. Según él, la aparición de tres picos de inestabilidad política en cincuenta años no es una coincidencia ni fruto del azar como diría un historiador no partidiario de esta disciplina. Turchin lleva quince años trabajando con patrones de presa-depredador en entorno forestales, ha vinculado registros históricos a la actividad económica y relacionándolo con estallidos de violencia en EEUU. Según Turchin el pico extremo de violencia se produciría en el 2020. Os dejo un vídeo en el que, aunque en inglés, el biólogo expone su teoría.



Un sinfín de parámetros le da como resultado a Turchin que la guerra no es más evitable que una pandemia y que si con el tiempo, encontramos la vacuna adecuada, lograremos controlar la situación e incluso prevenirla. Supongo que a los fabricantes de armas no estarán muy de acuerdo con el biólogo.

Por otra parte, sería extraordinario el hecho de poder pronosticar la llegada de un Cuarto Reich y abortar sus intenciones. La impresión que tengo es que la ciencia quiere estar presente en todos los aspectos de la sociedad y la aplicación de las matemáticas a cosas tan volubles y de patrones tan imposibles como son las relaciones sociales y políticas es muy difícil de establecer. A ver si Peter Turchin va a ser con el Al Gore del apocalipsis bélico. No creo en la utilidad de esta seudociencia aunque quién sabe, yo he venido a este mundo a equivocarme.

lunes, 16 de enero de 2012

Guerra Ruso- Filandesa. La guerra olvidada

La guerra Ruso-finesa fue un conflicto armado entre Finlandia y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que se desarrolló durante 1939 y 1940 —en los primeros momentos de la II Guerra Mundial— al no conseguir ambos países alcanzar un acuerdo con respecto a las demandas territoriales soviéticas. La URSS, alarmada ante la posibilidad de una ofensiva alemana a través de Finlandia, reclamó a este país la cesión de una zona próxima a la ciudad rusa de Leningrado (actual San Petersburgo). Los fineses (finlandeses) se negaron a satisfacer dicha petición. La guerra comenzó el 30 de noviembre de 1939 y se prolongó hasta el 12 de marzo de 1940.


EL ATAQUE SOVIÉTICO

La URSS atacó Finlandia el 30 de noviembre tras haber roto las relaciones diplomáticas con este país y sin una previa declaración de guerra. La fuerza aérea soviética bombardeó Helsinki y otras ciudades, la armada atacó varios puertos fineses y el Ejército Rojo penetró en el país. Los soviéticos desplegaron veinte divisiones completas a lo largo de los 1.537 km de frontera. El Ejército permanente de Finlandia, formado por tres divisiones de infantería, una brigada de caballería y una compañía de tanques al comienzo de la guerra, fue reforzado con tropas de reserva, algunas de las cuales no habían completado su instrucción. Con estas fuerzas, el general finés Carl Gustaf Emil von Mannerheim se enfrentó al enemigo en cinco frentes. El Ejército Rojo lanzó su primera ofensiva sobre una serie de fortificaciones denominada Línea Mannerheim, situada en el istmo de Carelia. Los fineses resistieron en esta posición. Las cuatro divisiones soviéticas destinadas al norte de la Línea Mannerheim avanzaron durante los primeros días del mes de diciembre, pero en el mes de febrero los fineses pudieron cortar las líneas de suministros y comunicaciones del Ejército Rojo y obligaron a retirarse a sus columnas más avanzadas.

Las repetidas derrotas provocaron una reorganización de la cúpula militar soviética y el mariscal Semión Konstantínovich Timoshenko asumió el mando de las operaciones. El curso de la guerra cambió inmediatamente. Timoshenko concentró 300.000 hombres frente a la Línea Mannerheim y apoyó esta ofensiva con la artillería y ataques aéreos.


EL DEBILITAMIENTO DE LA DEFENSA FINESA

Desde el 1 hasta el 10 de febrero de 1940, las fortificaciones de la Línea Mannerheim fueron sometidas a un intenso bombardeo. La posterior guerra de desgaste ocasionó un importante número de bajas en el ejército soviético, pero éste logró vencer la resistencia finesa. Las tropas soviéticas lanzaron una fuerte ofensiva sobre Summa el 14 de febrero y conquistaron esta ciudad. El 23 de este mes avanzaron hacia Víborg, la ciudad clave del flanco occidental de la Línea Mannerheim, que fue ocupada el 11 de marzo por el Ejército Rojo. La lucha cesó el 12 de marzo de 1940.


EL RESULTADO DE LA GUERRA

Los términos del tratado de paz impuesto a Finlandia por la URSS obligaban a los fineses a entregar las siguientes posesiones: 41.888 km2 de su territorio, incluido el istmo de Carelia, en el que se encontraban la ciudad y la bahía de Víborg, además de sus islas; la costa norte y occidental del lago Ladoga, junto con las ciudades de Käkisalmi (en la actualidad Priozersk), Sortavala y Suoyarvi; varias islas estratégicas situadas en el golfo de Finlandia; y parte de las penínsulas de Rybachiy y Sredniy. Los fineses tuvieron que acceder a arrendar la península de Hangö y las islas de los alrededores a los soviéticos durante un periodo de treinta años para establecer allí una base militar. Asimismo, se permitió el tránsito libre de mercancías y ciudadanos soviéticos a lo largo de la provincia de Petsamo (en la actualidad Pechenga) y se limitó las fuerzas militares finesas. Con este tratado terminó para Finlandia la primera fase de la II Guerra Mundial. Según un comunicado oficial de las autoridades de este país, se produjeron en este bando 19.263 muertos y 43.500 heridos.

La segunda fase de la II Guerra Mundial comenzó para Finlandia aproximadamente un año después. El país se unió a Alemania para atacar a la URSS en junio de 1941 con la esperanza de recuperar los territorios perdidos. Sin embargo, hacia 1944 la guerra se tornó desfavorable para Alemania, por lo que Finlandia pidió la paz a la Unión Soviética. Los duros términos impuestos por los soviéticos suponían el pago de 300 millones de dólares en concepto de indemnización de guerra.