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jueves, 23 de febrero de 2012

El médico nazi de Chipiona.

Gran número de nazis que huyeron de Alemania tras la caída del III Reich, buscaron refugio en España, concretamente en la costa gaditana. Con documentación falsa a su alcance en un régimen permisivo, fueron instalandose de incógnito; la mayoría en Zahara de los Atunes. El doctor Gurruchaga escogió Chipiona. Frederiche von Freienfels, alias Luis Gurruchaga Iturria, natural de San Sebastián con credenciales, en España.

Se le asignó la dirección del sanatorio Santa Clara, en Punta Camarón, a un tiro de piedra del Santuario de Nuestra Señora de Regla. Gurruchaga eran un genio de la medicina. Era un médico que curaba a desahuciados y recomponía miembros afectados, como el mejor de los mecánicos pudiera hacer con una chatarra. Pronto se hizo popular entre los lugareños por su enorme carisma y profesionalidad. Atlético de complexión y fácil sonrisa, emanaba confianza y cordialidad. Y nadie sentía curiosidad por su pasado que Luis se cuidaba de camuflar. No hablaba de su familia ni desplegaba fotos a su alrededor. Llegado el momento, su mirada azul acero cortaba cualquier atisbo de interrogatorio.

Solía recorrer Chipiona a lomos de un asno, tocado con un 'fez' marroquí compartiendo 'castoras' (vasito de medida concreta donde se sirve el vino), con pescadores y profesionales. Fue un personaje curioso que se hizo querer y respetar. Solo tres personas llegaron a penetrar las puertas de su hermetismo, dos hombres y una señora. A estos privilegiados confidentes les hacía partícipes de sus pasadas vivencias, cuando era el doctor F. von Freienfels, distinguido miembro de las S.S., actuando en campos de exterminio: Dachau, Mauthausen, o Auschwitz. Donde los médicos llevaban a cabo atroces experimentos. Ensañándose con los prisioneros rusos. Todo estaba permitido en aras de la ciencia.

Detalles menos escabrosos, Luis contaba cómo eran utilizadas las cabelleras de las mujeres para tejer calcetines para las tripulaciones de los submarinos U-Boat, o las piezas dentales de oro de los prisioneros con las que se reparaban las de tropas alemanas.

También desveló cómo había gaseado un tren repleto de judíos con destino a un campo de exterminio. Luis tenía órdenes de conducir a los prisioneros a su trágico final. Pero él optó por adelantar el inevitable holocausto, a sabiendas de lo que les esperaba al final del trayecto; así que confinó a los condenados en los vagones en los que ordenó filtrar el gas hasta eliminarlos. No se jactaba de ello, más bien era un abrir el paso a los fantasmas que le perseguían desde entonces.

Freienfels había cruzado los Pirineos abandonando su bagaje de maldades al otro lado, Gurruchaga no era el mismo.

Una plácida tarde del mes de agosto, día de Santa Elena, ocurrió la trágica explosión de polvorines de Cádiz. Los cristales crujieron en Chipiona y el estruendo alteró la celebración de la santa. Entonces, en el preciso instante en que se localizó el lugar del suceso, en Cádiz capital, Luis Gurruchaga saltó a su vehículo portando sus instrumentos y enfiló la carretera hacia el caos. El doctor permaneció día y noche auxiliando a cuantos le necesitaban, hasta caer exhausto. Salvó muchas vidas; ¿Intentaba redimirse?

He encontrado un curioso enlace en el que se vendía un álbum con 22 fotos vinculadas al dóctor.

Fuente: Diario de Cádiz

jueves, 9 de febrero de 2012

Los hijos del Ministro del Reich.



Ayer estaba leyendo sobre la vida en el bunker de Berlín y di con lo que fue una novedad editorial hace unos años -libro que yo desconocía- en el que la cuidadora de los hijos de Goebbels habla sobre la vida del siniestro matrimonio y su relación con los pequeños:

Käthe Hübner, niñera de la familia de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich, rompió su silencio. En el libro Los hijos del ministro del Reich, cuyos extractos fueron adelantados por el diario alemán Bild Zeitung en 2005 , la mujer relata a la autora de la obra, Petra Fohrmann, datos inéditos de la vida de su jefe y del propio Adolf Hitler. Según Hübner, éste último temía tanto ser envenenado que incluso cuando visitaba la casa de Goebbels llevaba consigo un termo con el té que bebía.

La mujer entró a trabajar con la familia Goebbels en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando tenía 23 años. A partir de entonces y hasta el derrumbe del Tercer Reich, en 1945, cuidó de los seis hijos del ministro de propaganda y de su esposa Magda, a quien Hübner recuerda con cariño. "La atmósfera y el olor del perfume que exhalaba estaban presentes mucho después de haber salido de la habitación. Magda Goebbels me caía bien", señaló en su conversación con la autora del libro.

Según la niñera, en la casa de los Goebbels era habitual rezar antes de las comidas, a pesar de que los niños no recibían educación religiosa. La costumbre provenía del propio ministro de Hitler, quien pertenecía a una familia católica de Renania. Magda, en cambio, había sido criada en la tradición protestante alemana, pero tenía devaneos con el budismo. "Creía en la reencarnación y que los niños tendrían una vida más hermosa después de su muerte", recordó Hübner en el libro de Fohrmann.

Hübner recuerda, además, que el ambiente en la casa tenía una mezcla de disciplina e ideología, aunque ni Joseph Goebbels ni su esposa estaban muy presentes en la educación de sus hijos. El primero, según la mujer, casi nunca estaba en casa y con el pasar del tiempo su presencia fue cada vez menor. En tanto, Magda pasaba viajando o invitada a tomar el té.

Asimismo, la mujer relata detalles de la vida cotidiana en la casa de los Goebbels. Los niños se levantaban a las siete de la mañana y luego de tomar desayuno se iban al colegio en un carro tirado por caballos. Además, era habitual que cuando Goebbels estaba en casa terminara jugando con su único hijo hombre a perseguirse a través de la mesa. Todo ello, sin embargo, terminó cuando se trasladaron al búnker junto a Hitler, donde los niños morirían por decisión de sus padres.

Magda envenenó a sus seis hijos en el interior del búnker poco antes de que cayera Berlín y el propio Hitler se suicidara junto a su mujer Eva Braun. El 28 de abril de 1945, Magda escribió una carta de despedida a Harald Quandt, el hijo de su anterior matrimonio. "No merece la pena vivir el mundo que viene detrás del Führer y del nacionalsocialismo. Por eso, he tomado a los niños, porque son una lástima para la vida que viene. Un dios misericordioso me comprenderá cuando yo misma les dé la salvación", escribió.

Los Goebbels tuvieron cinco hijas: Helga, Hildegard, Hewig, Hoding y Heidrum y un hijo Helmut. Todos sus nombres comenzaban con H en honor a Hitler y al momento de morir la mayor tenía 12 años y la menor cuatro. El episodio aparece recreado en la película La Caída, que relata los últimos días del Führer y de su círculo más cercano en el búnker. La cinta se basa en el libro homónimo del historiador alemán Joachim Fest y en los recuerdos de la secretaria de Hitler, Traudl Junge.

El derrumbe del régimen se concretó el 30 de abril, cuando Adolf Hitler se suicidó. Poco después el propio Goebbels y su esposa también se quitaron la vida. Una versión sostiene que el ministro de Propaganda asesinó de un tiro a su esposa y luego se suicidó. Sin embargo, otra asegura que Goebbels se disparó y Magda murió ingiriendo cianuro. Luego de la muerte de sus jefes, Hübner dice haberse hecho pasar por sordomuda para evitar ser detenida por las tropas soviéticas que entraron a Berlín.

Fuente: Hemeroteca