Reinhard Heydrich nació el 7 de mayo de 1904 en Halle del Saale, actual Sajonia (aquellos que estaban enfrentados con los Normandos en la época de Robin Hood), en el seno de una familia burguesa e impregnada de ambiente musical. Su padre, Bruno, era un músico y cantante de ópera reputado y además director del conservatorio. Su madre era la hija del antiguo profesor Krantz, director del conservatorio de Dresde. Hay más datos biográficos de la vida del joven Heydrich, pero creo que debemos centrarnos en dos aspectos que pudieron marcar su personalidad.
El primero de esos dos aspectos a comentar es la influencia de su madre. A diferencia de su padre, siempre contento y alegre, su madre poseía una fuerte personalidad que influyó en todos los hijos. Educada en los sentimientos religiosos más estrictos se propuso educar a sus vástagos al más puro estilo prusiano; tradición y deber. La señora Heydrich no les dejaba hacer nada que ella no pudiera controlar. Un ejemplo de esa estricta educación era la rutina diaria, los niños se levantaban a las siete de la mañana y no abandonaban la habitación sin haber rezado de rodillas y al pie de la cama sus oraciones. No podían hablar en la mesa y sólo abrían la boca si sus padres le preguntaban algo. Cada día a la hora de vestirse su madre esperaba a que hubieran acabado e inspeccionaba con minuciosidad a sus hijos. Si todo estaba a su gusto no había peligro, sin embargo se mostraba muy severa con el más mínimo descuido.
Reinhard era un niño reservado, esquivo y solitario, su padre, de naturaleza extrovertida, atribuyo ese comportamiento a un complejo por su fealdad, porque a diferencia de sus hermanos no era agraciado. Su propia madre haciendo gala de su seco temperamento llegó a decirle
—Eres feo, pero tan inteligente que eso no tiene la más mínima importancia.
Ese sentimiento de inferioridad se tradujo en un afán competitivo, ya que no era guapo demostraría su valía por otros medios. De momento se volcó en la música llegando a ser un virtuoso del violín, después se impondría en los deportes, sobretodo en la esgrima donde llegó a ser un experto.
Su madre también influyó en la decisión de olvidar la música como posible profesión y entrar en la marina, pero eso será una historia para otro momento.
El segundo aspecto que marcó su vida fueron las sospechas de su origen judío. Según los investigadores G. Palliard y C.Rougiere se puede descartar la presencia de antepasados hebreos. Aunque en su familia se encuentra un apellido Süss y su abuela materna se llamaba Mautsch, para los alemanes dos nombre que son sinónimo de judíos, los dos investigadores demuestran, tras una larga disertación que voy a ahorraros, que existían alemanes auténticos con esos dos nombres y ese era el caso de Heydrich.
En un principio las sospechas no nacieron por los apellidos, sino por su aspecto físico, en concreto por su larga nariz. Para los alemanes de la época una nariz de curva convexa o demasiada larga significaba que había sangre judía.
A pesar de ser Heydrich la persona encargada de preparar la solución del problema judío si había en su familia una autentica judía. Se trata de su tía Iza Jarmy, la mujer de Hans Krantz, el hermano de su padre. La presencia de su tía, en la familia alimento la leyenda de la ascendencia hebrea, más cuando después de la Primera Guerra Mundial los padres de Reinhard tuvieron que pedir ayuda al tío Krantz. Incluso se vieron obligados a ir a Dresde a vivir con ellos.
La historia de la ascendencia hebrea le acompaño toda la vida e incluso llego a ser usada con la intención de acabar con su carrera política.
En la próxima entrega hablaremos de su carrera en la marina, sus problemas de faldas, su matrimonio y el inicio de su carrera en el partido Nacionalsocialista.

